martes, 23 de octubre de 2012


EL RELATO DE LA WAMBERA: "OJALÁ ESTUVIERAS AQUÍ"


Ojalá estuviera aquí, en el mismo lugar donde nos conocimos, donde me dijiste te quiero.
Aun puedo recordar que mucho antes de hablarte, te había visto afuera de mi casa con tus amigos y simplemente hubo algo que me gusto de ti. Pasó mucho tiempo hasta que te conocí.
Un día cualquiera yo iba con una amiga, tú y ella se conocían, se saludaron y ella nos presentó, ahí empezó una bella amistad que yo desde un principio esperaba que fuera algo más, aunque nunca guardé esperanzas ya que tú eras un muchacho lindo, de ojos café, piel morena y una sonrisa que me encantaba; en cambio yo siempre he sido pequeña, de cabello alborotado y un poco tímida. Los días pasaban, me encantaba salir contigo y con mi amiga, y aunque éramos tres, parecíamos tú y yo solos.
Una noche estando tú, yo y dos amigas más (incluida mi amiga), se les ocurrió un juego y aunque no estaba muy de acuerdo yo acepté. El juego consistía en que cada uno debía responder con la verdad algo que le preguntaran sobre el otro, y como un juego planeado, las que preguntaban eran nuestras amigas, y ahí en ese momento no había vuelta atrás.
Primero te preguntaron a ti si yo te gustaba, no dijiste nada, y yo ya no sabía qué hacer; después me preguntaron a mí si tú me gustabas y el miedo que siempre me ha fastidiado no me dejó responder; pero después de tanto  insistir llegaron las palabras que siempre había querido escuchar de ti, pero no esperaba que fuera en ese momento: “me gustas mucho”. Mi corazón se me quería salir del pecho y no sabía qué decir, hasta que de mi boca salió un: “también me gustas”; pero no sé qué paso y en ese momentome me embargo un gran miedo y simplemente me despedí.
Día tras día ibas a buscarme, a preguntarme si podía salir pero yo por tonta siempre te mentía, te decía que no podía, que mis papas no me dejaban, que tenía muchos deberes que hacer, infinidad de cosas para que no saliéramos, con decirte que cada vez que tocaban el timbre de mi casa o la puerta mi corazón se ponía a mil por hora pensando que eras tú. Y no pasó mucho tiempo para que ocurriera lo que nunca quise que ocurriera, te alejé de mi vida, tras gritarte y tratarte mal sin justificación alguna; ahí en ese momento todo mi mundo se derrumbó, y aunque sabía que había sido culpa mía no lo quería aceptar y no quería pensar que te había alejado de mí, no podía ser que hubiera hecho algo tan estúpido.
Un día simplemente miré tras la ventana, vi un carro de mudanza y te vi ahí, quise salir y decirte que no te fueras, planeé una forma de que me vieras y de alguna manera decirte que te quería mucho, que no te alejaras de mi, pero aunque pasé por tu lado, no tuve la valentía de decírtelo.
Hoy tras seis años de no saber nada de ti, me doy cuenta de que estás en otro país. Mi mente y corazón se ponen en mi contra porque la mente dice que te deje de querer, que te olvide, pero el terco corazón sigue pensando que algún día estarás aquí conmigo, en el mismo lugar donde nos conocimos y me dijiste “TE QUIERO”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario